"El verano es una buena época para leer, y dado que la novela de misterio y espionaje ocupa un lugar destacado entre las lecturas de vacaciones, hemos decidido ofrecer un dossier dedicado al cine de espías, que tantas grandes películas ha legado, sobre todo a partir de escritores como Graham Greene y John Le Carré (ambos presentes en estas páginas, junto con otros nombres imprescindibles como Alfred Hitchcock y la CIA)"
Más Carretera al infierno... Más Hostel 2...
Número 369 de la revista Dirigido Por, en los kioscos de toda España.
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21:11
O cómo basta un solo escenario, dos actores y un poco de gracia escribiendo diálogos para urdir un cortometraje simpático y divertido. Lástima que Fernández Armero no haya llegado a confirmar el talento aquí apuntado...
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12:15
En esta época de cinefilia radical y un tanto miope, en la que mientras unos no saben ver más allá de la fanfarria de Hollywood, otros sólo son capaces de asimilar el cine de autor más exacerbado, es difícil que se lleve a cabo la merecida reivindicación de un autor tan personal e iconoclasta como Eloy de la Iglesia. Allí donde artesanos del género como León Klimovsky, Carlos Aured, Jacinto Molina o Amando de Ossorio se limitaban a llevar a la pantalla, con mayor o menor pericia, tópicos heredados de otras filmografías de mayor éxito popular, el director vasco subvertió esos códigos para elaborar un discurso crítico contra de la sociedad franquista firmemente asentado en sus ideas comunistas. Si en sus inicios lo hizo adoptando el giallo a lo Bava como figura de estilo, en films como Algo amargo en la boca, El techo de cristal o Nadie oyó gritar, con la caída del franquismo su discurso se hizo más directo, más crudo, en una senda marcada por obras tan singulares como La criatura, El diputado o Miedo a salir de noche, que culminaría en las muy extremas Navajeros y las dos partes de El pico.
El film que nos ocupa, La semana del asesino, ocupa un lugar peculiar en su filmografía porque, pese a emplear las formas del thriller a la italiana, realiza un amargo retrato de la sociedad española de la época que se adelanta varios años a sus acercamiento a los quinquis de extrarradio. De la Iglesia se vio obligado a darle el protagonismo al veterano Vicente Parra para conseguir la financiación que le permitió rodar el film, pero éste se había escrito para un posadolescente de unos 18 años, garrulo e ignorante: de ahí el comportamiento aborregado, dubitativo, del personaje. Aun así, el cambio no le resta fuerza al deprimente retrato que hace de los extrarradios tardofranquistas, cuyo irrespirable clima de intolerancia y represión, junto a la asfixiante existencia que todo ello conlleva, acaba empujando al protagonista a una serie de asesinatos que, en realidad, no son más que un grito de auxilio al que nadie parece querer atender... Excepto, claro está, el personaje de Eusebio Poncela, no casualmente el único abiertamente homosexual de la película.
La puesta en escena del director vasco no utiliza la grandilocuencia visual de los Bava o los Argento, sino que emplea en su lugar una vulgaridad visual, habitual en su cine, que remarca la intención de realismo de sus imágenes. Algo que se refuerza por la división de la acción en los días de la semana, detalle que aporta un tono documental que se adelanta unos cuantos años al celebrado verismo de propuestas como Henry, retrato de un asesino o Las horas del día. Lo que también tiene el efecto deformante de aumentar la cotidianidad de lo que ocurre, incluyendo el terrible proceso de trocear los cadáveres de sus víctimas y llevarlos, día a día, en una pequeña bolsa de deportes, al matadero en el que trabaja el protagonista para mezclarlos con la carne de vaca con la que se hace sopicaldo. Una frialdad, más resignada que psicopática, que resulta mucho más escalofriante que la brutalidad que De la Iglesia emplea para mostrar los asesinatos (y que le han ganado la fama al film en el extranjero, con títulos tan curiosos como Cannibal Man o The Appartment on the 13th Floor), sobre todo cuando el espectador acaba empatizando con el patético intento que suponen de sobreponerse a las presiones sociales.
Por desgracia, La semana del asesino tuvo que sufrir una auténtica masacre por parte de la censura franquista, incluyendo un moralista epílogo que supone una flagrante contradicción contra todo lo visto hasta el momento. No es de extrañar semejante ensañamiento, teniendo en cuenta el espíritu rebelde y polémico que impregna todo el metraje de la película y que, más allá de una envoltura genérica muy bien construida, consigue lanzar un mensaje crítico directo a la mandíbula del régimen franquista. Es una lástima que sus problemas con las drogas apartaran a Eloy de la Iglesia de la dirección hasta su tardía Los novios búlgaros porque, como demostró su interesante versión de Otra vuelta de tuerca, todavía tenía mucho que decir (pese a ese recrudecimiento del mensaje de sus films que le arrebató cierta solidez a sus aportaciones visuales) sobre el cine de género. Claro que, sin duda, eso es lo que impide que su valía sea reconocida en un país que desprecia alegremente su propia filmografía, en una desconcertante demostración de ignorancia cultural que refleja a la perfección el momento en que vivimos.
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15:48
Por cuarto año consecutivo se celebra el TEA (bonito apócope del bastante menos bonito "Todos En Alta" original), la Semana Internacional de Cine, Música y Televisión en Alta Definición, que vuelve a concentrarse en el Auditorio y el Centro de Tecnologías Avanzadas de Zaragoza, del 25 de junio al 1 de julio. Un acto muy enfocado a los profesionales del audiovisual interesados por la tecnología HD (la inscripción es gratuita para empresas del sector, centros de formación y prensa, mientras los particulares tienen que pagar una cuota de 20 euros), y en el que este crítico en ciernes estará los dos últimos días para ponerse un poco al día en estas cuestiones (que, por cierto, representan el futuro de la cinematografía: agárrense, que la cosa empieza a tomar velocidad) y como representante de VídeoPopular.
Lo interesante de este TEA 07, no obstante, y por el que los zaragozanos deberían apuntárselo en sus agendas, es porque este año se ha decidido abrir la Semana más al público general, por lo que se van a realizar proyecciones HD en el Auditorio a las que cualquiera puede asistir. En concreto, el jueves a las 22:30 se proyecta Star Wars: Episodio III, el viernes a las 20:30 Superman Returns (con entrada libre hasta completar el aforo), el sábado a las 20:30 300, y el domingo a las 11:00 Happy Feet: todas se proyectarán en formato digital, una buena oportunidad de ver la asombrosa calidad que las resoluciones 2K o 4K pueden ofrecer. Más información sobre TEA 07 aquí.
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19:49
Como cada año, el Festival Internacional de Cinema de Catalunya - Sitges ha convocado una rueda de prensa para hacer una primera aproximación a la programación que ofrecerá esta edición. La verdad es que hay cosas muy, muy suculentas, como esa sección oficial con joyitas como la versión de Halloween de Rob Zombie, I'm a Cyborg but that's OK de Park Chan-wook o la curiosa Teeth; la representación española que forman las (muy) atractivas El orfanato, Rec y Los cronocrímenes; por no hablar de títulos que suenan tan bien como la violentísima À l'Intérieur, el documental Zoo, la atractiva 1408 o el thriller producido por Johnnie To Eye in the Sky.
Eso, unido a retrospectivas como la dedicada al American Gothic (en la que este humilde juntaletras tiene un interés especial, presencia de George A. Romero aparte), al simpaticote Enzo G. Castellari o a las ciudades futuristas europeas, hacen del certamen de este año, al menos de momento, una perita en dulce a tener en cuenta. Si la compañía vuelve a ser tan grata como la del año pasado, sin duda éste puede ser un Sitges memorable, después del divertido ensayo del 2006.
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19:37
Una de las tareas más complicadas como crítico de cine es la de acudir a ver cualquier tipo de película quitándose de encima prejuicios, ideas preconcebidas y similares (cosa que, tristemente, demasiados comentaristas profesionales olvidan), y los que conocen al autor de estas líneas saben que ese ejercicio le resulta especialmente complicado con el cine de Michael Bay. Su obsesión por los planos infinitamente cortos, la cámara en continua agitación y, sobre todo, por la abundancia de travellings, grúas y cámaras lentas gratuitamente ostentosas, han sacado de quicio a este humilde juntaletras en demasiadas ocasiones. Nada hacía prever que en esta ocasión sería diferente, pero existía cierta esperanza de que, aunque sólo fuera por el sonoro resbalón de su anterior La isla, Bay hubiera contenido un poco sus insoportables tics a la hora de llevar a la gran pantalla su adaptación de las entrañables batallas entre los Autobots y los Decepticons. Pero no sólo no es así, sino que seguramente se trata de lo peor que ha rodado jamás Bay junto a Pearl Harbour.
No hay nada peor que una película de acción y (supuesta) testosterona que acaba aburriendo al público, y eso es lo que ocurre con Transformers. La sobreabundancia de personajes y tramas, algunas de ellas realmente absurdas e incluso soporíferas, carga en exceso un film que pedía a gritos un guión mucho más sencillo, más directo (al no ser así, hay personajes que, de pronto, desaparecen para no volver a asomar la cabeza más en el resto del metraje), en lugar de desarrollar toda la mítica entorno a los personajes robóticos cuando ya ha transcurrido una hora de película, a toda prisa y quitándose de encimas las presentaciones de los mismos con cuatro pinceladas directamente ridículas. Los problemas de estructura del film son evidentes, pero además hay unos continuos baches de ritmo que ni siquiera salva la tendencia del guión al chiste grueso, tan pendiente de la broma y el chascarrillo que tiende a olvidarse de desarrollar a los humanos con los que, en principio, el espectador debería identificarse.
Algo que era previsible, teniendo en cuenta el posmodernismo mal entendido sobre el que está edificado Transformers. Más allá de los esteticismo a lo Bay, la película muestra, como muchos de los blockbusters que últimamente está llevando a cabo Hollywood, una falta de personalidad apabullante. El control de las majors por parte de tecnócratas que miden el éxito de una película en base a la mezcla (mal planteada) de fórmulas previamente probadas crean monstruos de Frankenstein como éste, que acumula referencias a Gremlins, Terminator 2, Starship Troopers e incluso Matrix Reloaded sin ton ni son, de forma superficial y, sobre todo, vacua. Ni siquiera el tramo final, que daba para un homenaje simpaticote a los kaiju eiga, hace más que acumular secuencias de tiros y más tiros a cámara lenta, con robots gigantes girando en el aire como si estuvieran poseídos por el espíritu de Chow Yun-Fat.
Lo más interesante del film acaba siendo, como viene siendo habitual en los últimos años, el trabajo con los efectos especiales digitales de ILM y los animatronics de KNB. Esos robots gigantes extraterrestres parecen, realmente, robots gigantes extraterrestres, a pesar de que lucen unos diseños que quieren ser tan estilizados que los hacen poco reconocibles al primer vistazo (excepto, claro está, al bueno de Optimus Prime). Eso provoca uno de los defectos más graves de la película, la confusión que provocan las batallas entre los robots, que comparten tantos brillos metálicos que uno no acaba enterándose demasiado de quién golpea a quién. Claro, que para Bay los robots son lo de menos, ya que prefiere dignificar y convertir en héroes a los marines norteamericanos, dándole al film un barniz de descerebre facha que resultaría divertido si no fuera tan siniestro.
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01:56
Uno de los detalles más divertidos de la generación a la que pertenece es este humilde juntaletras es que, en cualquier tipo de reunión, no hay manera más efectiva de romper el hielo que hablar de la televisión que veíamos cuando éramos niños. Programas como La bola de cristal, Barrio Sésamo o Un, dos, tres forman parte de una memoria colectiva en la que tiene un lugar muy especial Verano azul, la obra más conocida de Antonio Mercero (con el permiso de la simpática Farmacia de guardia), y durante años una de las series más repuestas de la televisión española. Al recuperarla, se hace claro y diáfano el por qué no ha vuelto a la pequeña pantalla: por su vocación claramente generacional, enmarcada en una época muy concreta de la historia de nuestro país de la que, tristemente, los cambios sociales nos han alejado para no volver jamás.
La España que retrata Verano azul es la de los largos veranos de hasta dos o tres meses (y, por qué no decirlo también, el de los días de playa y merendero, con toda la caspa carpetovénica que ello implica), que la mayor parte de niños pasaba en el pueblo de sus padres, donde las restricciones de la ciudad se suavizaban y creaban microclimas de diversión, aventura y descubrimientos. Se aprecia en la conversaciones entre los jóvenes protagonistas una cierta inocencia, una limpieza de espíritu y un ánimo soñador que parece haberse diluido en las nuevas generaciones, que tampoco están tan dispuestas a escuchar (ni quizá tampoco tan dispuestos a entender) las reflexiones de los adultos que hablan en su mismo idioma, como ocurre en la serie de Mercero con Chanquete y Julia. No es que los tiempos pasados fueran mejores, sino que se ha perdido una cierta manera de vivir la infancia y la adolescencia.
Por supuesto, hay determinados aspectos en los que Verano azul no ha envejecido del todo bien. Junto a algunos capítulos magníficos (no por casualidad los más intimistas, más centrados en los personajes), aquéllos en los que Mercero y sus guionistas intentan acercarse al género, ya sea la ciencia-ficción o el terror, chirrían por la evidente falta de medios. Pero si hay algo que sorprende de la serie es que, pese a ir dirigida a niños, no les trata, como hacen muchas series actuales, como si fueran tontos. Muchas veces los personajes reflexionan sobre temas, por entonces, de tremenda actualidad, como el divorcio, las madres solteras, la reivindicación de los propios derechos o la aceptación de la muerte, que además están tratados con una ideología sorprendentemente progresista. Sin ser, no obstante, dogmática, ya que la serie plantea opciones, dejando a los pequeños (¡oh sorpresa!) la capacidad de pensar sobre ello.
Pero si tiene un punto fuerte, ése es, sin duda, un casting especialmente afortunado. Los dos actores adultos, Antonio Ferrandis y María Garralón, asumieron con valentía los que fueron, no hay duda, los papeles de su vida, aportando no solamente humanidad, cercanía e inteligencia a sus personajes, sino además transmitiendo un cariño hacia los personajes más jóvenes que hacía creíble su relación de amistad. También encajaban muy bien los adolescentes Juan José Artero, José Luis Fernández y las hermanas Pilar y Cristina Torres (no tanto Gerardo Garrido, cuyas limitaciones interpretativas parecen explicar lo insustancial del personaje de Quique, claramente dejado a un lado por Mercero), y sobre todo algo tan peliguado como los dos niños pequeños, gracias a la espontaneidad de los deliciosos Miguel Joven y Miguel Ángel Valero. Al verlos hoy, de nuevo, juntos, siguen resultando tan creíbles y cercanos como el primer día.
a las
17:55
Guste o no, se esté más o menos de acuerdo, las ideas que lanza Octavi Martí en el artículo incluido aquí abajo (cliquen encima para ampliar la imagen) deberían dar pie a un serio planteamiento sobre determinados conceptos que arrastra cierta nueva cinefilia.
Todas las revoluciones y/o renovaciones son golosas, especialmente para los sectores más jóvenes del público, que se entusiasman con mayor facilidad pero, al mismo tiempo, también son más maleables. Lo que Martí advierte es un intento, digamos artificial, de trasplantar un cierto elitismo francés a un mercado, el español, que bastante dañado está por otras "revoluciones" anteriores.
Lo que habría que evitar es atajar la reflexión lanzada en este texto, y en lugar de posicionarse en contra de forma radical pensar en hasta qué punto es sano convertir el cine, como otras artes, en un reducto cultural para unos cuantos, quizá limitándolo a museos, salas de artes y ensayo o similares. Los críticos no deberíamos olvidar que gran parte del público mayoritario no comparte nuestra visión del hecho cinematográfico, y que la clave de su supervivencia no está en ignorar el negocio que supone, sino alentar la aparición en el ámbito comercial de voces personales, con cosas que decir pero sin perder de vista la conexión con los que acuden a las salas.
Reflexionemos, pues, pero sin insultos, voces alzadas ni simplificaciones, por favor.
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17:52
"Películas como El segundo nombre, Romasanta, la caza de la bestia o su aportación al proyecto Películas para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador, la deliciosa Cuento de Navidad, han colocado a Plaza como uno de los directores más prometedores de nuestro país. Precisamente el guionista de Cuento de Navidad, el cortometrajista Luiso Berdejo, ha ayudado a Plaza y a Jaume Balagueró a llevar a cabo el libreto de [Rec], una película rodada con un secretismo casi absoluto y con la que sus directores se han dado el gustazo de rodar una pieza de género puro y (muy) duro".
Para llenar este impasse laboral, qué mejor que recuperar una pieza de uno de los géneros que más abandonaíto tiene este blog, la entrevista (y, de paso, los lectores de estas líneas conocen un poco más del trabajo del autor para la revista VídeoPopular). En concreto, a Paco Plaza, de los pocos directores de género de este país que siguen atreviéndose a serlo a pesar de todo (y todos), además de un tipo de lo más majete.
Descárgenla aquí, pardiez.
a las
15:39
"Tras el largo impasse laboral que le supuso el frío recibimiento en taquilla de su interesante (aunque irregular) ópera prima, Intacto, Juan Carlos Fresnadillo ha podido volver a ponerse tras las cámaras para rodar 28 semanas después por encargo de Danny Boyle. Por fortuna, el español ha tenido la oportunidad de imprimir su personalidad a esta secuela"
Más Las vueltas de la vida... Más En algún lugar de la memoria... Más Black Snake Moan... Más Habitación sin salida...
Número 368 de la revista Dirigido Por, en los kioscos de toda España.
a las
08:17
"El documental es un género que está de moda, como dejan claro los múltiples festivales que han aparecido a lo largo y ancho del territorio español. No entraremos en estas líneas a debatir sobre cuánta de esa fama se apoya en la peregrina idea de considerarlo un cine “no narrativo” o “no manipulado”, aunque sí hay que destacar que su progresiva popularidad ha supuesto también una vulgarización de su lenguaje, que cada vez ha adoptado formas más televisivas, menos cinematográficas".
Más (y mejor) en Supernovapop Cine...
a las
15:00
