recuperando lo mejor de 2007

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La espera al nuevo número de Miradas de cine ha valido la pena: no sólo incluye el esperado resumen de lo mejor del mejor cine del año pasado, sino también un nuevo diseño de lo más atractivo. Allí encontrarán ustedes, entre el resto de votaciones, las películas que el que esto firma destaca del 2007, además de un texto que espero que encuentren estimulante de un film que necesita con urgencia ser reivindicado: Sympathy for Lady Vengeance. Aunque tampoco deberían perderse el que el buen amigo Roberto Alcover Oti se marca sobre Apocalypto, que demuestra que su pluma es de aquéllas que hay que seguir con detenimiento. Ah, e imprescindible la firma invitada del gran Raúl Cerezo, con un texto valiente y necesario sobre los festivales de cortometrajes.

los crímenes de oxford

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Para el que esto firma, Álex de la Iglesia es, sin lugar a dudas, el mejor narrador de su generación, pero sufre un problema crónico: la progresiva pérdida de interés de los guiones que firma a cuatro manos con Jorge Guerricaechevarría, que han tendido cada vez más a ahogarse en su propia referencialidad y la irregular integración de los chistes dentro de la trama. Da la impresión de que los fracasos consecutivos de los dos intentos consecutivos de evolucionar como autor, en los que son los mejores films de su carrera, Perdita Durango y Muertos de risa, le hicieron dar varios pasos atrás para no perder comercialidad... Provocando, sin embargo, el efecto contrario. De ahí que ya en su capítulo de Películas para no dormir, el destacable La habitación del niño, ya fuera palpable un intento de dejar a un lado algunas de sus señas de identidad, reduciendo el humor y limitándose a narrar con la mayor eficacia posible una historia que parecía salida (en el mejor sentido posible) de The Twilight Zone.

Algo que lleva al extremo en Los crímenes de Oxford, en la que tanto De la Iglesia como Guerricaechevarría han apostado por asumir el encargo de la forma más respetuosa posible, sin salidas de tono y siguiendo a rajatabla el manual de los thrillers hitchcocknianos (a lo que ayuda la música a lo Herrmann de Roque Baños). Lo que seguramente sorprenderá, y no precisamente para bien, a los que esperen detectar algunas de sus más reconocibles figuras de estilo, cuando precisamente el director ha intentado ejercer, más que nunca en su carrera, de artesano. No sería justo, sin embargo, que eso impidiera al público valorar en su justa medida la habilidad para la puesta en escena del realizador, que es capaz de imprimir un ritmo y una agilidad a los acontecimientos que casi hace olvidar que se trata de una historia de intriga que avanza, sobre todo, a base de puro diálogo (algunos de ellos, hay que decirlo, de una densidad intelectual más que notable).

Ahí reside, precisamente, uno de los problemas más graves de la película (por otro lado, un detalle que proviene de la obra original): que toda su carga matemática y filosófica no hace más que enmascarar un whodunit puro y duro, que despliega la habitual pléyade de falsos culpables, pistas erróneas y esos momentos "hay algo que no encaja" tan queridos por el giallo italiano. Algo similar a lo que ocurría, por ejemplo, con La habitación de Fermat, con la (evidentísima) diferencia de que De la Iglesia tiene mucho más cine en las venas que Piedrahita y Sopeña, y es capaz de sacar petróleo a un material algo insípido, consiguiendo algunos momentos de un poderío sorprendente (atención al magistral plano secuencia que hay justo antes del primer asesinato, y que sitúa a los posibles culpables entorno a la escena del crimen).

El otro gran problema de Los crímenes de Oxford es que, si bien la evolución de la relación entre los personajes de Elijah Wood y John Hurt está construida con solidez, no ocurre lo mismo con los amoríos del protagonista con Leonor Watling y Julie Cox, que resultan un tanto forzados. Un escollo que salva, sin embargo, el buen tono general de los actores, que consiguen dotar de credibilidad y, sobre todo, de una notable humanidad a sus respectivos personajes. Algo esencial en un film tan dialogado como éste, sobre todo cuando la resolución definitiva del misterio que impulsa la trama requiere que densifiquen su interpretación, ya que la amargura, la incomodidad que ello provoca en los protagonistas es lo que marca el tono de una resolución mucho menos complaciente de lo que es habitual en un film comercial.

apuntes sobre halloween

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Vistas las opiniones contradictorias que ha despertado el film de Zombie (alguna, hay que decirlo, notablemente despistada), recupero lo dicho en la crónica de Sitges firmada para Supernovapop:


No hagan caso a lo que dicen por ahí: la mayoría de los que ponen por los suelos esta versión del clásico de John Carpenter no la habría aceptado ni si la hubiera firmado con seudónimo el mismísimo maestro. Desde luego, no se trata de lo mejor que ha rodado Zombie (ese título sigue ostentándolo la magnífica Los renegados del diablo), pero sigue conservando su magnífico sentido de la atmósfera, su amor por el detalle, su gran trabajo con los actores (atención a Sheri Moon Zombie, la pareja del director) y, sobre todo, su capacidad para violentar al espectador mediante escenas, muchas veces, menos brutales de lo que aparentan. Lástima que su excesivo respeto hacia el original de Carpenter impida que la segunda parte del film esté a la altura de la primera, inquietante relectura en clave de white trash del mito de Michael Myers.

Repasada de nuevo la película en su versión Director's Cut americano, me reafirmo en mi impresión: la primera parte del film es magnífica, la segunda notablemente inferior. Aun así, Halloween. El origen tiene instantes mucho más intensos y poderosos que la mayor parte del terror moderno.

la terza madre

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Toda la fuerza y la inventiva visual que le sobraba a Dario Argento en las películas que rodó durante los años 70, fue poco a poco diluyéndose a lo largo de la siguiente década, entrando en clara decadencia a partir de los 90, cuando su potencia narrativa (excepto en rarezas salvables como El síndrome de Stendhal) se ha evaporado hasta convertirle en una mera sombra de lo que llegó a ser para el fantástico italiano. De hecho, a estas alturas, Argento sigue construyendo su carrera en base a los réditos del pasado, de ahí que continuamente venda un retorno a sus orígenes. Ya lo era, en relación al giallo, la insufrible Insomnio (Non Ho Sonno) (a pesar de contener algunas set pieces realmente de antología), y ahora ha vuelto a intentarlo, en su vertiente más esotérica, cerrando con La Terza Madre la inacabada trilogía que había abierto con las magníficas Suspira e Inferno. No hace falta que señalemos que el resultado es, a todas luces, inferior al de sus antecesoras.

Sin duda, la diferencia más radical es que, mientras las películas anteriores eran abiertamente fantásticas, con un tono onírico de trasfondo ocultista apoyado en un magnífico trabajo de dirección de fotografía, en esta ocasión del director opta por construir un thriller esotérico de lo más banal, con un planteamiento visual bastante plano, insípido, incidiendo argumentalmente en la línea iniciada por el deplorable Dan Brown con sus aventuras del profesor Robert Langdon. Mientras el terror de las primeras se basaba en que, a pesar de las muy gráficas muertes de los implicados, la amenaza resultaba invisible e impredecible (cfr. la muerte del pianista ciego en Suspiria, atacado por su propio perro lazarillo, o la del librero en Inferno, devorado por las ratas), aquí en cambio tiene una raíz física, la de la Mater Lachrymarum que interpreta, con pose de mala malosa de película de superhéroes y bastante menos ropa que sus antecesoras, la modelo israelí Moran Atias.

De hecho, hay instantes en que La Terza Madre resulta inevitablemente sonrojante. Sólo hay que ver el penoso retrato que Argento hace de las brujas, que parecen salidas de un concierto punk, incluyendo una oriental que parece salida de una serie Z producida por The Asylum y un irritante mono (que parece pariente de la primate protagonista de Atracción diabólica, de George A. Romero) que, más que inquietar, produce carcajadas. Por no hablar de las (innecesarias) apariciones fantasmales de Daria Nicolodi para guiar al personaje de su hija, como si fuera una especie de Obi-Wan Kenobi esotérico, hasta su ridícula desaparición en lo que diríase un homenaje a la churrimanguera Ghost. Lo que no es de extrañar, teniendo en cuenta que los coguionistas del film, Jace Anderson y Adam Gierasch, han crecido profesionalmente en el seno de los casposos direct to video de Nu Image.

De hecho, lo mejor del film acaban siendo los notables (y seguramente inmerecidos) esfuerzos de Asia Argento de darle un poco de entidad al ridículo personaje que le ha tocado asumir, la eficacia de los efectos sanguinolentos del imprescindible Sergio Stivaletti y los ocasionales instantes en que el talento de su padre para la puesta en escena son capaces de esconder los problemas de guión (que, digámoslo ya, estaba pensado como una gran superproducción y no como el modesto film rodado finalmente), consiguiendo instantes de cierta tensión que, no obstante, no alcanzan ni mucho menos la intensidad del mejor cine de su autor. De hecho, quizá va siendo hora de que los que disfrutábamos con los arranques de genialidad de Argento empecemos a asumir que su mejor época pasó hace años y lo que ahora nos queda es esta versión templada, insípida del creador de Rojo oscuro.

estudio richard matheson / críticas de actualidad

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"El estreno de la nueva versión de Soy leyenda vuelve a poner de actualidad al autor de la novela original, que no sólo es uno de los escritores de terror y fantástico más influyentes de la literatura estadounidense del siglo XX, sino también un guionista más que destacable que, tanto en su labor cinematográfica como televisiva, ha ayudado a dignificar el cine de género"

Más En el valle de Elah... Más Hitman... Más Mr. Magorium y su tienda mágica... Más Aliens vs Predator 2...

Número 374 de la revista Dirigido Por, en los kioscos de toda España.