grand theft auto iv

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El que esto firma todavía recuerda con nitidez cuando, en la época en que todavía se dedicaba al análisis de videojuegos, llegó a sus manos un juego del que nadie esperaba nada y que, oh sorpresa, resultó ser una gran revolución: Grand Theft Auto III. La libertad jugable conseguida, unida a la sensación de estar moviéndose en una ciudad viva, llena de detalles, con misiones engarzadas en una trama de aire negro pero repleta de sentido del humor, le daban a la propuesta un carácter inimitable (ya ensayado en sus dos antecesores bidimensionales). Dos secuelas para PS2 y otras dos para PSP más tarde, sus autores, los reservadísimos chicos de Rockstar North, han decidido dar un paso más allá en la saga aprovechando el salto generacional. De ahí que se hayan decidido a hacer, por fin, un GTA IV, y a dejar atrás los personajes recurrentes de la saga para empezar, de alguna manera, de cero.

Lo que no se ha alterado significativamente es la jugabilidad de la saga, que sigue conservando lo más celebrado de ésta, si bien se han refinado detalles como el control de los coches (ahora más exigente, y también más divertido, añadiéndose además un GPS para los que se perdían en los amplios mapeados del juego) o la mecánica de los tiroteos (más precisos, y ahora con la posibilidad de cubrirse y disparar por las esquinas), y se ha introducido dos elementos de comunicación imprescindibles: la conexión a internet y el teléfono móvil, ambos fundamentales para avanzar en el juego y ahondar en la historia de éste. No obstante, la intención (declarada) de Rockstar North a la hora de elaborar este nuevo GTA era intentar ceñirse a la realidad lo más posible, de ahí que, entre otras características celebradas de Vice City y San Andreas, hayan desaparecido los aviones controlables y ya no se puedan aprender nuevas formas de ataque cuerpo a cuerpo más allá del preceptivo puñetazo. Algo que, al fin y al cabo, no importa cuando las misiones son todo lo variadas y apasionantes que uno le puede exigir a la saga.

Esa apuesta por el realismo también ha impregnado, precisamente, la construcción argumental. Atrás han quedado las historias a lo El precio del poder, de simples matones que llegan a convertirse en auténticos reyes del hampa: el héroe de GTA IV, el serbio Niko Bellic, se limita a realizar todo tipo de trabajos para varios jefes mafiosos, sin aspirar a nada más que a ganar dinero y a redimirse de los pecados cometidos durante la Guerra de Bosnia. En todo caso, ese acercamiento más a ras de suelo no sólo no perjudica al juego, sino todo lo contrario, ya que crea unos de los protagonistas más humanos e interesantes de toda la saga, cuya baja posición de los escalafones del poder no significa que no sea alguien inteligente y lleno de recursos... De hecho, en más de una ocasión le saca las castañas del fuego a algún capo.

Lo que no significa, por supuesto, por mucho que las notas que se han visto por ahí indiquen lo contrario, que el juego sea perfecto. Nunca es fácil dar el salto de generación, y aunque Rockstar North ha superado la prueba con nota, al motor gráfico del juego se le pueden achacar un buen puñado de defectos (incluido popping, ralentizaciones e incluso algún momento de congelación de la imagen)... Pero la saga GTA no se ha caracterizado nunca por su potencia gráfica, sacrificada a cambio de unos mapeados amplísimos que se pueden recorrer sin tiempo de carga alguno, y compensada por lo que comentábamos al principio: la sensación de estar moviéndose en un mundo real, lleno de personas vivas e interesantes, y ese puñado de referencias cinéfilas, esta vez más sutiles que hasta ahora en la saga, engarzadas en un argumento adictivo, hilvanado con un sentido del humor que, si bien menos paródico, no es por eso menos ácido. Una de las grandes joyas, sin duda, que ha dado esta generación consolera.

¡ouch!

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No sé, a lo mejor es que tengo una hermana que no conozco...

aja frente al espejo

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Después de mucho esperar, por fin empiezan a saberse cositas de Mirrors, la nueva película de Alexandre Aja con Kiefer Sutherland como protagonista. En Estados Unidos se estrena el 15 de agosto, y queda por ver cuándo llegará a España... El estreno francés es en septiembre, así que no es ninguna tontería postular que pueda ser estrenada en el Festival de Sitges, donde seguramente las explosiones de sangre y vísceras del autor de Alta tensión serán celebradas como se merecen.

Las primeras imágenes aparecidas provocan, la verdad, un notable dejà vu con respecto a la ambientación de una película de terror dirigida por otro francés, Christophe Gans: Silent Hill. Claro, que también contribuye el hecho de que Aja no quiera revelar demasiado y las fotografías sean... digamos... bastante insípidas. Más suculenta es la entrevista que la web ShockTillYouDrop le ha hecho al director en la sala de montaje, y que revela cosas tan interesantes como que, en realidad, Mirrors no es un remake de Into the Mirror (Aja desechó reversionar dicho film coreano, sino que prefirió elaborar su propia trama sobrenatural con espejos de por medio), que le ha conseguido colar a la MPAA instantes bastante brutales, que ha resultado una pesadilla coordinar la abundante presencia de espejos (algunos trucados mediante CGI, otros con efectos ópticos tradicionales) y que, aunque el estudio quiso imponer un final distinto, en los test screenings ha funcionado mucho mejor el original de Aja.

Hay ganas, la verdad, de ver cómo se desenvuelve Aja lejos de los dominios del survival... Después de que Rob Zombie no acabara de dar en el clavo con su aun así excelente Halloween, nuestras esperanzas siguen puestas sobre el francés. La versatilidad que puede demostrar desenvolviéndose con soltura en esta historia fantasmagórica le irá muy bien si tiene que llevar adelante esa reconcepción (más que remake, según confesion de Aja y su eterno colaborador, Grégory Levasseur) de Piraña que, detalle interesante, será su primera película rodada en 3D.

kimagure orange road

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Aquellos que, como el que firma estas líneas, estaban en plena adolescencia a principios de los años 90, recordarán que por aquel entonces Telecinco emitió varias series de animación japonesa en versiones castellanizadas (y, en general, mutiladas) como Campeones (Captain Tsubasa), Bateadores (Touch!), Robotech (esa mezcla perpetrada por Carl Macek de Super Dimension Fortress Macross, Super Dimension Cavalry Southern Cross y Genesis Climber Mospeada) y la que nos ocupa, Johnny y sus amigos o, como ahora se la conoce gracias a que alguna cadena autonómica está emitiéndola en su versión íntegra y con su nombre original, Kimagure Orange Road. No descubriremos nada nuevo si indicamos que se trata de la versión animada del popular manga del mismo nombre de Izumi Matsumoto, aunque consigue condensar y, digámoslo ya, mejorar exponencialmente, los irregulares 18 tomos del original en una serie de 48 episodios, 8 OVAs y una película.

Lo que, en manos de Matsumoto, es un gakkuen clásico en el que tienen mucho peso las tramas de enredo, se convierte en su versión televisiva en uno de los retratos más fieles y encantadores que ha dado el anime sobre lo que es ser adolescente, a pesar de su ambientación profundamente ochentera. Aunque la serie está concebida como una comedia de situación, tanto la dirección del veterano Osamu Kobayashi como los guiones de Kenji Terada intentan ir más allá, e impregnan la historia de cierto poso de melancolía, radicada en la evidencia de que sus personajes están viviendo un momento irrepetible de sus vidas. Claro, que quizá no podrían transmitir esas sensaciones sin la maravillosa banda sonora compuesta por Shiro Sagisu, más tarde colaborador habitual de Gainax, y que aquí consigue una serie de melodías que, pese a su trasfondo triste, resultan memorables y pegadizas.

No obstante, uno de los detalles más recordados de la serie es el rediseño que sobre los personajes de Matsumoto llevó a cabo Akemi Takada. La imagen icónica de Kyosuke, Madoka y Hikaru es la que ella creó tanto a través del trabajo de los animadores de la serie como en las numerosas ilustraciones que realizó basándose en Kimagure Orange Road. Además, Takada consiguió darle una personalidad identificable y atractiva a aquellos personajes que resultaba fácil confundir con otros por las limitadas prestaciones del creador del manga. Siendo justos con Matsumoto, la serie empezó a elaborarse cuando el cómic andaba muy avanzado y su dibujo había mejorado mucho respecto a sus mediocres inicios... Pero, desde luego, el triángulo sentimental resulta más creíble y se sostiene mejor gracias a la habilidad de Takada para aumentar el encanto de Hikaru y, sobre todo, convertir a Madoka en uno de los grandes personajes femeninos del anime japonés, una de esas mujeres tan irresistiblemente femeninas que es casi imposible no enamorarse inmediatamente de ellas.

Es más, cualquier aficionado al cine disfrutará de lo lindo de los continuos guiños, inexistentes en el manga, que los responsables de la serie de televisión realizan a todo tipo de películas, desde la saga Godzilla a El graduado (atención al final del capítulo 11 de la serie, que reproduce, plano por plano, la conclusión de la película de Mike Nichols, incluida una adaptación de Sagisu de The sound of silence) pasando por Qué bello es vivir... Lo que, unido a los experimentos formales que se permite realizar Kobayashi en algunos capítulos, convierte a Kimagure Orange Road en algo más que una serie nostálgica y sentimental. Quien esto escribe no puede, desde luego, verla sin dejarse llevar por la añoranza de una época que nunca volverá, pero también le reconoce lo bien que ha aguantado el paso de los años, y lo vigente que puede seguir siendo para los adolescentes de hoy en día. Para muestra, un botón en forma de su primer capítulo:


www.Tu.tv

50.000, que se dice pronto

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A riesgo de resultar pesado, nunca me cansaré de dar las gracias a los lectores de este modesto blog, sean regulares o no, por seguir acudiendo a este espacio cinéfilo a leer sobre mis neuras y mis logros laborales. Gracias a vosotros, a todos y cada uno, las visitas superan ya las 50.000, una cifra nada espectacular pero que sorprende y fascina al que esto escribe, sobre todo con la escasez de actualizaciones de los últimos tiempos. Creedme, hago lo que puedo, pero a la hora de priorizar los elementos que forman mi vida, el blog no suele salir ganando.

Recordad, por cierto, que a partir del viernes próximo, 25 de abril, se celebran en la Universitat de València el ciclo Satoshi Kon. Imágenes y sueños de un Japón probable dentro de sus IV Jornadas sobre Cultura Japonesa. Allí estará el autor de este blog el sábado 26 de abril para hablar de la serie Paranoia Agent, a partir de las 17:00, en el Aula Magna del Edificio La Nau, en pleno centro de Valencia.

alta fidelidad

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"El atractivo de los inicios de la obra literaria del británico Nick Hornby está basado en cierto tono autobiográfico, capaz de provocar una refrescante empatía con el lector, que resulta especialmente patente en ese homenaje a la afición futbolística que es la dupla libro/película Fiebre en las gradas y Fuera de juego (Fever Pitch; David Evans, 1996), pero que todavía se aprecia con notable intensidad en la posterior Alta fidelidad."


El resto del texto puede leerse en Miradas de cine, dentro de la primera parte de su especial Música y Cine...

en cuarentena

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Corren malos tiempos para este blog debido a la falta de tiempo: las obligaciones laborales y las necesidades personales se imponen, aunque (llámenme cabezón) uno se niega a dejar de lado este espacio, aunque sólo sea para mantenerles informado de lo que uno va haciendo.

Una forma de traerles algo calentito (directamente desde el blog de Paco Plaza) es presentarles el trailer de ese remake de [Rec] que ha firmado John Erick Dowdle, el director de The Poughkeepsie Tapes, bajo el nombre de Quarantine. Hay que decir que el resultado, totalmente americanizado, no es precisamente esperanzador. ¿Tan difícil era estrenar, como acaba de hacer el Reino Unido, la película de Balagueró y Plaza en versión original subtitulada? ¿Y por qué los zombis se parecen a los vampiros de 30 días de oscuridad?

estudio michel gondry / críticas de actualidad

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"Compañero de generación de directores de videoclips tan innovadores como Spike Jonze, Chris Cunningham, Jonathan Glazer, Mark Romanek o Stéphane Sednaoui, la obra (cinematográfica y musical) de Gondry no se caracteriza sólo por su marcada sensibilidad retro, sino también por una continua autoexploración biográfica que la convierte en una confesión en voz baja de las complejidades de su propia personalidad"


Más Rebobine por favor... Más Dewey Cox: Una vida larga y dura... Más Las crónicas de Spiderwick...

Número 377 de la revista Dirigido Por, en los kioscos de toda España.