Siento avisarles con poco tiempo, pero no estaba muy seguro del día de aparición del nuevo número del suplemento cultural de La Vanguardia. Allí, quien esto firma participa en uno de los temas de portada, dedicado a la temática zombi, con un pequeño artículo que hace un repaso superficial (la extensión obliga) por la evolución de dicho mito en sus encarnaciones cinematográficas, y cómo ha servido para reflejar, directa o indirectamente, los logros de las clases sociales bajas.
Si tienen la oportunidad de echarle un ojo, creo que el resultado global resulta más que interesante.
A quien le ha interesado es a Agustín Fernández Mallo, autor de los aclamados Nocilla Dream y Nocilla Experience, pues habla del mismo en su blog y lo recomienda. Es una buena excusa para que intenten recuperarlo.
Claro, que también hay quien considera que "pienso demasiado". Es natural, uno no puede gustarle a todo el mundo.
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08:09
El libro colectivo El demonio en el cine. Máscara y espectáculo, publicado el año pasado por el Festival de Sitges, y en el que esto firma participó firmando el artículo dedicado a las conexiones diabólicas dentro del periodo expresionista alemán, ha obtenido una nominación al Mejor Libro de Ensayo en la edición 2008 de los Premios Ignotus, concedidos anualmente por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror.
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11:22
Tanto los que me conocen personalmente como los lectores habituales de este blog saben que Batman Begins no me pareció, ni mucho menos, una película para entusiasmarse. Su reconcepción adulta y seria del personaje chocaba frontalmente con un guión de David S. Goyer lleno de one-liners y profundidad de cartón piedra, así como con lo ininteligible de las escenas de acción y la ausencia de un auténtico clímax. Pero, afortunadamente, todos esos problemas han pasado a mejor vida en su secuela, que podemos atrevernos a afirmar, sin miedo a equivocarnos, que es la mejor película de superhéroes rodada hasta la fecha. Olvídense de películas simpáticas, pero abiertamente palomiteras, como los últimos acercamientos a personajes Marvel tipo Iron Man o El increíble Hulk. Con El caballero oscuro, Nolan aporta una mirada incisiva, auténticamente reflexiva, sobre la figura del héroe y su responsabilidad cara a la sociedad en la que actúa, en la que se plantean algunos de los interrogantes más suculentos aparecidos en los largos años de existencia comiquera de Batman.
Gran parte del mérito, digámoslo ya, reside en el guión de Jonathan Nolan, no en vano autor de los libretos más interesantes que ha dirigido su hermano, Memento y El truco final (El prestigio). Basándose en el trabajo de los autores que han explorado más a fondo las posibilidades dramáticas del superhéroe, como Frank Miller, Alan Moore o Jeph Loeb, a cuyos trabajos hay referencias más o menos veladas, el escritor despliega unas posibilidades reflexivas casi apabullantes. A cada instante se plantean nuevas cuestiones referidas a la moralidad de las acciones de los personajes (¡e incluso de los mismos ciudadanos de Gotham!), los límites entre bien y mal (o cordura y locura), el compromiso que supone convertirse en el defensor de toda una población, los paralelismos entre superhéroes y villanos... Es prácticamente imposible salir del cine sin plantearse algunos de los dilemas que en el film se despliegan. Atención, sin ir más lejos, a cómo el personaje Harvey Dent acaba simbolizando el enfrentamiento Batman-Joker, sufriendo una manipulación de ambos para llevarlo a su terreno que acaba desembocando en su transformación en Dos Caras.
Lo interesante es que, como ha reconocido el propio Nolan, todo eso está sostenido sobre una puesta en escena abiertamente inspirada en el policíaco a lo Michael Mann, que lleva un poco más allá el realismo de Batman Begins. Así, en los momentos diurnos se suceden imágenes frías, llenas de tonos metálicos y azules que son puro Heat, mientras en las nocturnas hay una cierta calidez, pese al uso de una iluminación muy constrastada, a medio camino entre el cine negro y el cómic. Si le quitáramos a los protagonistas sus vestimentas estrafalarias y sus cachivaches tecnológicos, podríamos estar perfectamente ante un thriller al uso. El protagonismo visual que el director le da a la ciudad es, también, un detalle muy propio de Mann: los amplios ventanales de la mayoría de la estancias, que permiten observar perfectamente el horizonte, hacen que los edificios siempre estén presentes, enmarcando a los personajes, empequeñeciéndolos respecto a la colectividad que les rodea (y relacionándolos, precisamente, con ésta).
Que una película que dura 152 minutos sostenga un ritmo tan constante, tan apabullante, es mérito tanto de Nolan como de su montador, Lee Smith, que realizan un magnífico trabajo al que sólo se le puede poner un pero: la sensación de que la película tiene dos clímax, con el ligero bache narrativo que ello supone. Aun así, el material es tan magnífico que uno enseguida se olvida de semejante irregularidad. Porque, si en Batman Begins el nivel actoral era muy alto, con El caballero oscuro se ha disparado hasta límites estratosféricos. No sólo ha desaparecido el mayor problema del anterior film, Katie Holmes (aquí sustituida por la mucho más interesante Maggie Gyllenhaal), sino que además los dos nuevos actores que se incorporan hacen una labor magnífica. Heath Ledger es quien se llevará los mayores reconocimientos, por desgracia no sólo por su terrorífica interpretación del Joker, pero eso no debería evitar admirar la composición que Aaron Eckhart hace de un papel tan complicado como el de Harvey Dent, al que sabe guiar con mano maestra por todo su camino de ascenso y caída en los abismos del crimen.
P.D. Imprescindible completar estas impresiones iniciales de la película con la magnífica crítica escrita por Diego Salgado para Cosas de cine. Y tampoco está de más contrastar opiniones con la opinión al respecto de Alvy Singer, muy distinta a la del que esto firma.
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17:14
Guste más o guste menos como director, lo que no se le puede negar a Quentin Tarantino es un conocimiento cuasienciclopédico sobre todo tipo de cine trash, sobre el que, precisamente, ha construido su posmoderna filmografía, en la que la cita es casi una cuestión de estilo. Una de sus películas de cabecera, y que además fue un ayuda fundamental a la hora de construir su popular díptico vengativo Kill Bill, fue precisamente el film noruego que nos ocupa, firmado por Bo Arne Vibenius bajo el seudónimo de Alex Fridolinski. Con la intención de recuperar el desastre económico de su debut tras las cámaras, la película familiar Hur Marie Träffade Fredrik, el director concibió su siguiente proyecto como una pura y dura cult movie, tomando las formas del rape & revenge de la época y llevándolo a un paroxismo abiertamente exhibicionista.
Resulta curioso constatar cómo Vibenius, influenciado por su trabajo como ayudante de dirección para Ingmar Bergman y su trabajo en el mundo de la publicidad, le imprime al film un ritmo relativamente moroso, reposado, que visto en perspectiva choca frontalmente con las intenciones crematísticas de la película (aunque resulta descacharrante el abuso de recursos tan setenteros como el zoom o la cámara subjetiva). Claro, que seguro que en ello tiene que ver con la imperiosa necesidad de compensar el hecho de que la historia brille por su ausencia, pues las motivaciones y los impulsos de los personajes no son explorados más allá de los cuatro (torpes) trazos fundamentales, los que en realidad le interesan al director, que sólo pretende para dejar muy claro que el personaje de Heinz Hopf es un auténtico villano, mientras la protagonista que aborda Christina Lindberg es un ser puro e inocente.
No descubrimos nada, pues, si indicamos que la auténtica razón de ser del film son sus escenas de shock. El problema es que la mayor parte de éstas, sobre todo en la parte inicial del metraje, han envejecido muy mal. Ni sorprenden los insertos pornográficos, en los que claramente cambian iluminación y actores (¡incluso hay fallos de raccord!), ni la tan cacareada escena en que a la protagonista le cortan un ojo por la mitad (en la que Vibenius, en una decisión artística realmente deleznable, utilizó el cadáver de una suicida), debido a la torpeza de la planificación de la escena. Aunque, sin duda, lo que más ayuda a que hayan perdido su capacidad de perturbar es su absoluta gratuidad: se trata de la provocación por la provocación, sin más discurso estético ni artístico detrás que, sencillamente, generar polémica de la forma más gratuita y churrimanguera posible.
Lo mejor acaba siendo el proceso de venganza de la protagonista, pues el poder construir la narración en base a una acción mucho más física le permite a Vibenius desplegar unos recursos mucho más interesantes. Curiosamente, el abuso de la cámara lenta y el eco de los sonidos durante los tiroteos, en lugar de resultar cansinos, le otorgan a la película un aire pesadillesco, desquiciado, que encaja a la perfección con la psique destrozada de la protagonista (cosa muy necesaria, vista la pésima interpretación de Lindberg). Aunque quizá lo más destacable sea el uso de los paisajes noruegos con cierta intención de homenajear al western, reproduciendo algunas escenas el tempo y los encuadres de los spaghetti al más puro estilo Leone. En ese sentido, resulta difícil no asistir a ese proceso de venganza sin darse cuenta de que George Miller lo tuvo bien presente a la hora de elaborar su Mad Max: las similitudes son, sin duda, más que notables.
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18:03
Si su anterior 300 arrastraba tanto las virtudes como los defectos del (irregular) trabajo original de Frank Miller, quizás podamos tener la esperanza de que, en esta ocasión, Zack Snyder también haya asumido la grandeza de la obra original de Alan Moore y Dave Gibbons, sin duda uno de los mejores cómics de superhéroes (si no el mejor) de todos los tiempos. De momento, podemos deleitarnos con su espectacular trailer. Rajen o babeen, ustedes mismos.
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17:09
El segundo largometraje de Richard Kelly es un puzzle cuyas piezas no encajan a la perfección, pero ahí reside precisamente su encanto, su fascinación: en su naturaleza de proyecto fallido. No afirmaremos que es una obra maestra incomprendida, porque no lo es. Pero tampoco obviaremos sus virtudes por culpa de sus defectos. Sus obvias metáforas sociopolíticas son entrañables en su ingenuidad, como encantadores resultan los tarantinianos cameos de iconos cinematográficos de los 80 que, en su mayor parte, no aportan absolutamente nada al conjunto. Pero, por encima de todo, fascina su concepción netamente milleriana de una distopía futurista, y especialmente su reflexión paracientífica sobre las consecuencias y los riesgos de los viajes temporales, complemento y ampliación de lo apuntado en su anterior Donnie Darko, y donde de nuevo el sacrificio adquiere un significado entre lo religioso y lo metafísico.
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16:42
Ya había ganas de que llegara la edición de este año de Sitges pero, cuanto más se sabe de la programación, más suculento resulta. Y hoy, en rueda de prensa, Ángel Sala ha desvelado algunos de los ases en la manga de este año. Ya podemos confirmar que podremos ver obras tan suculentas como Vinyan, el segundo largo de Fabrice du Welz tras la fantástica Calvaire; Let the Right One In, esa reconceptualización de los vampiros que, dicen, es una auténtica maravilla; The Good, the Bad and the Weird, homenaje a Leone del interesantísimo Ji Woon-kim; Tokio!, film de episodios que reúne a tres autores tan distintos como Michel Gondry, Bong Joon-ho y Leós Carax; Transiberian, el eternamente retrasado nuevo film de Brad Anderson para Filmax; The Chaser, de Na Hong-jin, uno de los grandes éxito de taquilla de la temporada en Corea del Sur; Synecdoche, New York, el salto a la dirección de Charlie Kaufman; Repo! The Genetic Opera, la ópera rock perpetrada por el temible Darren Lynn Bousman; Idiots & Angels, el nuevo trabajo de Bill Plympton; o el documental de Peter Jackson RKO Production 601: The Making of 'Kong, the Eight Wonder of the World', que dicen incluye una recreación en stop motion de la famosa escena nunca rodada de la araña gigante.
Hay otros títulos que pueden ser, por supuesto, interesantes, como Martyrs, de Pascal Laugier; Surveillance, de Jennifer Chambers Lynch; Eden Lake, de James Watkins; Crows: Episode 0, de Takashi Miike; Blindness, de Fernando Meirelles; JCVD, de Mabrouk El Mechri; Beatiful, de Juhn Jaihong; The Objetive, de Daniel Myrick; o Dance of the Dead, de Gregg Bishop... Y más cosas que me dejo en el tintero. Pero permitirán al que esto escribe dejarlas todas ellas en el aire. La participación española, de momento, se limita a Sexy Killer, de Miguel Martí y Soy un pelele, de Hernán Migoya, si bien ahí también puede caber Transsiberian y Santos, de Nicolas López, lo que augura un año bastante más flojo que el pasado.
Lo que va a ser, nuevamente, para no perderse, son las retrospectivas, que traerán a Sitges auténticas joyas. No sólo se podrán disfrutar versiones restauradas y en perfectas condiciones de 2001: Una odisea del espacio, La noche de los muertos vivientes y King Kong (versión de 1933, claro), sino también obras maestras de la ciencia-ficción clásica como Planeta prohibido, Solaris, El planeta de los simios, La fuga de Logan o Encuentros en la tercera fase, además de curiosidades como Barbarella o The Man Who Fell to Earth. También Umberto Lenzi, miembro del jurado de este año, tendrá su propio homenaje/ciclo dentro del espacio Brigadoon.
Todavía no se sabe qué película se pasará en la inauguración del festival, si bien Sala ha desvelado que será una película americana... Hagan sus apuestas, pero uno intuye que la elegida reflejará nuestras mayores expectativas. Quedan meses por delante y muchas películas todavía por desvelar pero, si algunos de los nombres que suenan acaban encajando, puede que acabe siendo un año para quitarse el sombrero. Los meses, desde luego, no pasan lo bastante rápido...
Podéis echarle un ojo a la nota de prensa original aquí.
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14:59
Saben los lectores habituales de este blog que quien esto firma es, desde su mismo estreno, un defensor incansable del Hulk de Ang Lee, versión rabiosamente adulta y reflexiva de un personaje del que, por desgracia, siempre se ha popularizado una imagen monocorde, unidimensional, de la que han huido sus mejores cultivadores comiqueros, especialmente Peter David. Precisamente, la diferencia entre el acercamiento a Bruce Banner de Lee y el que realiza El increíble Hulk es el mismo que diferencia a los momentos más personales de David en la serie regular del personaje (como la etapa de Mr. Fixit o la miniserie Futuro imperfecto) con los posteriores intentos de hacerle "volver a sus raíces" para captar a los fans más simplistas. Es decir, si una toma el personaje como punto de partida para buscar una voz propia, la otra utiliza a Hulk como verdad inamovible, como un concepto fijo.
Por eso mismo, no es justo compararlas. El film de Louis Leterrier no pretende más de lo que ofrece: un relato superheroico clásico, que sigue con simpática constancia todos los tópicos habidos y por haber en el género, y en el que son mucho más importantes los instantes de acción que los más reflexivos. Porque no nos engañemos, quien paga para ver El increíble Hulk no lo hace para ver cómo Edward Norton expresa su tortura interior, sino para ver las leches que su alter ego digital le pega a esa extraña (y feísima, por qué no decirlo) versión que aparece en la película de la Abominación. Lo que extraña es que, siendo los efectos especiales los grandes protagonistas del film, el nivel de éstos sea tan mediocre: ¿cómo es posible que, cinco años más tarde, los modelados realizados por Industrial Light & Magic para la versión de Lee hagan que los que ahora ha realizado Rythm and Hues parezcan gráficos de PlayStation 3?
No es cuestión de buscarle dobleces a lo que no pretende tenerlas, pero desde luego es una pena que un material tan rico como el que podría proporcionar Hulk haya acabado convertido en un choque de lo más simplista y maniquea entre buenos buenísimos y malos malísimos. Es cierto que la película introduce apuntes, detalles en las relaciones de los personajes que despiertan interés (cfr. la relación entre Betty y su padre, el general "Trueno" Ross), pero se echa en falta una mayor profundidad en los mismos. Que sí, que Leterrier y Norton tienen en la manga un montaje más largo que ahonda más en los protagonistas, pero sólo quiero apuntar una idea: ¿recuerdan el momento de Hulk en que, en San Francisco, Jennifer Connelly bajaba por unas escaleras hasta el monstruo verde y éste, al verla, se volvía a transformar en Bruce Banner? ¿De verdad El increíble Hulk puede llegar a transmitir con tanta sutileza e intensidad lo que es el sentimiento amoroso?
Quedémonos, pues, con la modesta propuesta que nos ofrece la película de Leterrier, una mezcla de la serie de televisión con el concepto más clásico (y, por qué no decirlo, más superficial y más palomitero) del personaje. Siempre nos quedará la duda de qué habría hecho Ang Lee de haber podido llevar a cabo una secuela de su película, pero después de ver El increíble Hulk, no creo que haya muchas dudas de lo que podemos esperar de una eventual segunda parte. Lástima, porque los largos años de serie regular del personaje tienen mucha más chicha, y apuntes más interesantes, que la simpleza del "Hulk aplasta" de este film. Pero ya se sabe: para algunos fans, ése es el auténtico espíritu de este (anti)superhéroe.
a las
00:12
THE SACRIFICE. Resulta imposible ver este episodio y no plantearse qué demonios intentaba llevar a cabo Breck Eisner. ¿Una versión femenina de La matanza de Texas? ¿Un acercamiento contemporáneo a las películas de la Hammer? ¿Una monster movie al estilo de la saga Alien? ¿O quizás ha intentado unirlo todo a la vez y lo que le ha salido es un batiburrillo inconexo y falto de fuerza? Si partimos de que el cuento corto en el que se basa, The Lost Herd de Del Howinson, era un western con escenas eróticas subidas de tono, y la versión de Eisner está ambientada en la actualidad y lo máximo que se ve es un escote, entenderemos la mayor parte de sus incoherencias. El director, es evidente desde el primer momento, no hace más que dar palos de ciego, intentando darle entidad a la propuesta a base de recursos tópicos y trucos gastadísimos de puesta en escena. Está claro que, con semejante castaña de guión, poco podía hacerse, pero un autor con mayor pericia en el manejo de la narrativa de género y, sobre todo, las ideas más claras, podría haber extraído mayores sugerencias de tan burdo material.
EATER. O cómo una puesta en escena efectiva, bien planteada, puede compensar un argumento prototípico, repleto de lugares comunes. Si bien los evidentes ecos carpenterianos del guión de Richard Chizmar y Jonathan Schaech son simpaticotes, su recurrencia a los golpes de efecto previsibles le restan muchísima efectividad. Afortunadamente, tras las cámaras está un Stuart Gordon que, a sus más de 60 años, parece haber entrado en un particular estado de gracia. Su magistral aprovechamiento del reducido espacio de la comisaría (¡atención al uso de los planos secuencias, y la tensión que le imprime a la acción mediante éstos!) y su capacidad para crear una atmósfera enfermiza, enrarecida, mediante pequeños detalles, enriquecen y maduran lo superficial del guión. La iluminación verdosa, que le da a la historia cierto aire de cómic, así como la obsesiva forma en que los cánticos del caníbal cajún se van mezclando con la banda sonora de Marshall Harvey, crispan la narración y la convierten en un prodigio de ritmo que remarca, con notable gracia, otra de las influencias clave del trabajo de Chizmar y Schaech: los cómics de la EC. El final, precisamente por lo jocosamente absurdo que resulta, es puro Al Feldstein (y William Gaines).
a las
00:42
"La victoria de los sistemas de pensamiento, tanto los de signo conservador como los progresistas, sobre el ciudadano de a pie, se basa en facilitar los juicios de valor al permitir concebir la mayoría de realidades, y muy especialmente las sociopolíticas, en términos de buenos y malos, de amigos y enemigos, sin tener que realizar el esfuerzo de comprender más allá de ese pensamiento enlatado que ofrecen de forma generosa los gurús de la opinión" (De la crítica a ¡Oh Jerusalén!)
Más Aprendiz de caballero... Más Posdata: Te quiero... Más Sé quién me mató... Más La isla de Nim...
Número 380 de la revista Dirigido Por, en los kioscos de toda España.
Y como este mes ha estado pluriemplado, tampoco deberían perderse la otra revista de la casa...
"El fenomenal éxito de la serie de libros de J.K. Rowling dedicados a Harry Potter ha convertido el género de las aventuras infantiles casi en una fórmula única, con historias de tono épico y deudas más que evidentes con el universo de J.R.R. Tolkien. Por eso se agradece que, de vez en cuando, alguien recuerde que los pequeños de la casa también pueden echar a volar la imaginación con historias mucho más ras de suelo, pero no por ello menos emocionantes" (Del texto de La isla de Nim)
Más Aprendiz de caballero...
Como tampoco deberían perderse el próximo ejemplar del suplemento Cultura/s que aparecerá con La Vanguardia el próximo 9 de julio. Sólo les adelantaré dos conceptos: "Michael Haneke" y "hostias como panes". Disfrútenlo aquí... O todo lo contrario.
a las
20:23
Hace casi un año comentábamos en estas mismas líneas la desastrosa decisión de Manga Films de estrenar Sympathy for Lady Vengeance de tapadillo, en lo más crudo del verano español, sin promoción y, reconozcámoslo, sin la más mínima opción de comerse un colín en taquilla. Algunos de los lectores de este blog introdujeron la interesante cuestión de que, al menos, se estrenó en España... Pero ¿vale la pena que lo haga de esa manera? ¿Hace falta recordar que basta con estrenar una película en los cines durante una semana para que luego puedan venderse más caros los derechos de emisión a las televisiones y sacarle mayor rentabilidad a los DVD? Pues eso.
Park Chan-wook debe estar alucinado porque, 11 meses más tarde, se repite la operación. Tras las fantásticas reacciones del público de Sitges a I'm a Cyborg but That's OK (y puedo decir por experiencia que encantó a espectadores que desconocían por completo la obra del coreano), Versus Entertainment decidió estrenar la película. Pero la retrasó varias veces. Luego decidió no estrenarla en cines, sino directamente en DVD. Luego, ni siquiera eso. Y ahora, de golpe, sin darle tiempo a nadie a reaccionar y sin hacer la más mínima promoción al respecto, nos enteramos que se estrenará en cines el 18 de julio. ¿Mande? ¿Y de verdad alguien se va a dar por aludido, teniendo a su alrededor blockbusters como Kung Fu Panda, Hancock o Superagente 86 de película?
Nos queda el consuelo de que, con un poco de suerte, quizás veamos esa película de vampiros que Chan-wook estaba preparando, Thirst, en el próximo Festival de Sitges. Y, a poco que el que esto firma tenga la oportunidad, reivindicará la obra del director y se exclamará de que no se le preste atención a uno de los creadores orientales más imaginativos y llenos de fuerza de los últimos años. Otro día hablaremos de Kim Ji-woon y por qué no se ha estrenado en nuestro país la cojonuda A Bittersweet Life...
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21:01
Si es que a este hombre se le coge cariño. Después de muchos meses teniéndole bien presente en mi vida, nuestros caminos se separan. Yo le he intentado tratar con todo el respeto y la reverencia que creo se merece: espero que el próximo que se cruce en su vida haga lo mismo. Ha llevado mi paciencia al límite, es cierto, pero ahora que le dejo empiezo a echarle de menos.
a las
14:41
