el caballero oscuro: la leyenda renace

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1. Cuando se mencionan los aciertos de Christopher Nolan en su acercamiento al personaje creado por Bob Kane y Bill Finger, acostumbra a señalarse su capacidad para (a diferencia de, sin ir más lejos, el últimamente muy reivindicado Tim Burton) mantener el interés del espectador sobre la figura dual de Bruce Wayne/Batman a pesar de la fuerza dramática y el magnetismo de los enemigos. Algo en lo que tiene mucho que ver, es justo reconocerlo, a la magnífica interpretación brindada por Christian Bale, sin lugar a dudas, y con justicia, el mejor intérprete del Hombre Murciélago de la historia; sin embargo, la raíz del logro tiene un origen mucho más narrativo: la inteligente forma en la que, en cada una de las películas que forman su trilogía,  Batman BeginsEl caballero oscuro y El caballero oscuro: La leyenda renace, el director angloamericano ha sido capaz de darle a su protagonista un arco dramático estimulante, atractivo. Si en la primera, claro está, recorría el camino hacia convertirse en un héroe, en su secuela se veía obligado a profundizar en el auténtico significado de la heroicidad, mientras esta conclusión de la saga le lleva a renacer como individuo, a reconstruirse interiormente desde la decadencia, para poder volver ser el Señor de la Noche de Gotham.

Y es que, a pesar de que la presencia de Bane parece evidenciar la inspiración de la película en el ciclo argumental comiquero Knightfall y sus derivaciones en el universo DC (con detalles extraídos de Tierra de nadie, sobre todo el aislamiento de la ciudad y el papel de la policía en la trama), en realidad está claro que Nolan se ha basado sobre todo y ante todo en El regreso del señor de la noche, una de las grandes obras de Frank Miller, de la que el director y su hermano Jonathan adaptan ideas, conceptos y, sobre todo, un interesante aire crepuscular que la aparta de sus antecesoras. Ese Bruce Wayne retirado, prematuramente envejecido, que recupera su vitalidad física y anímica volviendo a vestirse de murciélago (y se convierte de nuevo en un símbolo para Gotham, después de haber caído en un relativo olvido), es sin duda lo más cerca que ha estado el cine a llevar a la pantalla la admirada novela gráfica de Miller.

2. El principal problema de este filme es que tiene que superar la alargada sombra de El caballero oscuro, que sigo considerando, a mi juicio, la mejor película de superhéroes jamás rodada (y sí, me gustan mucho Los Vengadores de Joss Whedon, pero no tanto como para desbancarla dentro de ese ránking personal), y que el propio Nolan se ve incapaz de superar. En gran parte, porque el recuerdo del Joker legado por Heath Ledger resulta difícil de superar, por más que Tom Hardy sea capaz de convertirse en un malvado igualmente amenazador e imprevisible, a pesar de ofrecer una interpretación muy distinta a la de aquél (muy controlada, muy física, mucho más elaborada a partir de sutilezas y pequeños detalles), y sobre todo, a partir del interesante contraste entre un aspecto amenazante, brutal, y una voz un tanto ridícula, meliflua, que recuerda al mismísimo C3PO. Algo que no es casual ni gratuito, sino que busca darle un punto entre patético y perturbador.

Pero no, el gran problema de El caballero oscuro: La leyenda renace es que quiere ser tan ambiciosa, abordar tantos terrenos y profundizar en tantos detalles que, por momentos, se ahoga en sí misma. Eso la hace mucho más irregular, mucho más imperfecta, con un trazado argumental lleno de altibajos porque sus 164 minutos se hacen excesivos o, todo lo contrario, escasos para sus tremebundas intenciones. Es de agradecer, desde luego, que Nolan se tome su tiempo para exponer los conflictos principales, así como para desarrollar a los personajes (excepto algún papel-trampa, engañosamente superficial para hacer pensar al público lo que no es: los ecos de El truco final (El prestigio), y su juego con la narración y las expectativas del espectador, están muy presentes, mucho más de lo que parece), pero el ritmo del conjunto acaba sufriendo por ello: los momentos más brillantes, que rayan a una excelencia igual o superior al anterior filme de la trilogía, deben convivir con otros demasiado expositorios, en los que se plantean demasiadas ideas a través de los diálogos y se echa en falta una menor precipitación en algunos elementos narrativos.

3. Lo más interesante de la película es aquello que la aparta, como su antecesora, de la un tanto superficial Batman Begins: su esfuerzo por dotar al relato de una cierta carga de reflexión moral y política que está muy en sintonía con la trayectoria del propio personaje en los cómics. Así, si como antes comentábamos, El caballero oscuro planteaba el sentido de la figura del héroe, y su función dentro de una sociedad hundida en el caos, en esta ocasión Nolan traza paralelismos con el terrorismo islámico (es fácil ver en Bane y sus acólitos una trasposición de la filosofía de al-Qaeda, sobre todo su nihilismo y sus ansias de destrucción suicidas: ¿tendrá algo que ver la idea con ese proyecto de Frank Miller que iba a llamarse Holy Terror, Batman! y acabó siendo Holy Terror?) para evidenciar la debilidad de nuestra sociedad actual, aburguesada, dormida en los laureles, frente a aquellos que están despojados de lo más básico y que, a diferencia de nosotros, no tienen nada que perder. De ahí a ver un ataque a movimientos como el 15-M o el Occupy Wall Street, va un trecho, pero ése es el peligro de juzgar precipitadamente una obra tan compleja como ésta.

Porque, además, tanto Batman como el Comisario Gordon y, sobre todo, el interesantísimo personaje del joven policía John Blake, que aborda Joseph Gordon-Levitt con su habitual solvencia, plantean la imposibilidad de defender la ley a partir de las reglas que impone nuestra legislación, ya que los corruptos y los malvados son capaces de saltárselas con alegría, jugando con ellas, y sin consecuencias graves... El gesto que Blake tiene en el clímax de la película, el de lanzar su placa de policía al río, marca un paralelismo, en absoluto gratuito, con el similar que realizaba Clint Eastwood al final de Harry el Sucio. Nolan plantea también lo decepcionante de un sistema que permite que exista lo perverso, e incluso le ofrezca más garantías que a la supuesta normalidad y/o legalidad, y al mismo tiempo añade la misma reflexión que culminaba Harry el Fuerte: aunque a veces haya que saltárselo para imponer una cierta justicia, sigue siendo necesaria la existencia de dicho sistema para que nuestra sociedad no acabe cayéndose a pedazos.

4. Pero El caballero oscuro: La leyenda renace también es espectáculo, y además de alto nivel. A estas alturas, Nolan se ha convertido en un director de set pieces más que interesante (¡menuda diferencia con las escenas mal rodadas y mal montadas de Batman Begins!), que ha alcanzado una pericia en la creación de secuencias de acción que ya explotó en toda su intensidad, al menos para el que esto firma, en la estupenda Origen. El director ha alcanzado un nivel expresivo espléndido como entertainer, y logra conciliar unas escenas dramáticas de una intensidad prodigiosa (atención al plano final, uno de los mejores y más optimistas de su carrera) con unas persecuciones y unos enfrentamientos físicos muy bien trenzados, y que dan lugar a un espectáculo de acción destinado a arrasar en taquilla. Una vez superada la primera hora de metraje, y planteados los conflictos principales, la película alcanza un ritmo tan esplendoroso que dudo que haya muchos (excepto, claro está, los haters de Nolan, que parecen haberse multiplicado con el tiempo: curiosamente, yo he recorrido el camino contrario, no me convencía y su cine ha acabado ganando mi interés) que sean capaces de levantarse del sillón y perderse un segundo más de película... Desde luego, supone un cierre brillante a la trilogía de Nolan, y una buena conclusión que, a pesar de estar concebida como tal, deja las puertas abiertas a continuar la historia con los mismos actores y personajes. Veremos si el potencial taquillazo no lleva a Warner a insistir a sus responsables para continuar con la saga...

Nota: Otras opiniones muy a tener en cuenta, como complemento de la mía, son la de Diego Salgado en Fanzine Digital y la de Tomás Fernández Valentí en su blog.